Caminaba un día el sultán Syed Sirajuddin Putra Jamalullail por el parque de jardines simétricos de su palacio, cavilando en la manera de abrir el pan sin manos, para poder introducir dentro los componentes del bocadillo, cuando recordó uno de los cuentos de las “Mil y una Noches” que contaba Schehrazade al rey Schahriar: “Ali Babá y los 40 ladrones”. Uno de los pasajes más celebrados del cuento era el momento en que Alí Babá abría la cueva del tesoro con la frase: “Ábrete sésamo”.
El sultán Syed Sirajuddin Putra Jamalullail pensó que si la frase servía para abrir cuevas moviendo rocas, podría usarse también para abrir panecillos. Después de tres días y tres noches gritando, suplicando, susurrando y murmurando lo de “Ábrete sésamo” a miles de panecillos, sin ningún éxito, pensó que alguna cosa le faltaba. Cayó en cuenta de lo obvio: se estaba dirigiendo al pan y tenía que dirigirse al sésamo. Inmediatamente ordenó hornear panecillos espolvoreando sésamo en la superficie y cuando intentó de nuevo abrirlos con el “Ábrete sésamo”, los panecillos se fueron abriendo mágicamente.
Desde entonces todos los panecillos de Kuala Lumpur llevan sésamo en la superficie y a partir de este momento, el sultán Syed Sirajuddin Putra Jamalullail, abrió sus propios panecillos e hizo sus propios bocadillos. Hoy, los herederos del sultán Syed Sirajuddin Putra Jamalullail son una de las mayores fortunas del mundo por haber exportado el descubrimiento de su antecesor alrededor del mundo en forma de franquicias.
Claro que para ello tuvieron que renunciar a hacerlo con su nombre, harto complicado para las civilizaciones de occidente y lo tradujeron literalmente al ingles. Ahora todo el mundo los conoce por Mc Donals. Ni que decir tiene que todos los panecillos de Mc Donals llevan sésamo en su superficie.